13
Dic
2014

Suturas

Cuando todo lo demás falla

y solo queda la ausente verdad de los espejos

haces inventario de todas las heridas

y en el ruidoso silencio

ves la sangre oscura

derramándose de nuevo.

Y por debajo de la ira

de la seca y conocida tristeza

del inevitable dolor del desconsuelo

lo que en realidad te sacude

es el asombro

de que esas viejas cicatrices

cuidadosamente trabajadas

desde el origen de los tiempos

palpiten con tanta intensidad

más desnudas que nunca

como una fría lágrima

sometida al capricho del viento.

Y en una mueca de horror

y quizás

solo quizás

de comprensión última

te preguntas si en algún momento

supiste dónde se encontraba el remedio

a la sucia soledad

de esos ojos que te miran

como viejos cristales muertos.

Porque los relojes no se paran

ni se escupen las ilusiones

y la noche no amanece

en el narcotizado insomnio del sueño.

Pero te levantas

alzas las sábanas

descubres si acaso el espejismo de un velo

coges hilo tijeras agujas

el alcohol que no embriaga

las vendas enmohecidas

y al azar

o al azar que dicta el miedo

ante la oscuridad del mar que se aleja

coses las costuras

y recompones el gesto

con la certeza

de que te maten o no

tú siempre mueres primero.

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